Las anécdotas, suelen poner de relieve el aspecto humano de la persona en cuestión, en este caso del científico. Nos ayuda a conocerle mejor en su perfil personal, nos hace más amena la lectura y nos acerca de alguna manera a la figura idealizada que conocemos.

Nos muestra que todos somos de la misma especie (aunque a veces no lo parezca).

Con esta serie de documentos pretendemos acercarnos al aspecto humano de los científicos.

Espero que lo disfruten.

Son numerosas las personas que consideran la teoría de la evolución como un invento diabólico o poco menos, y es que la idea de la evolución no cuadra bien con la de una creación única. Son los llamados “creacionistas” los que luchan contra ella.

El descubrimiento de fósiles de animales que ya no existen, apoya la idea de que los seres vivos tienen una historia y un desarrollo a lo largo del tiempo.

Los religiosos del siglo XVIII no podían aceptar que los fósiles fueran vestigios de una vida pasada. Para responder a esas inquietudes, un profesor alemán de la Universidad de Wurzburgo, Johann Beringer, elaboró una teoría que “salvaba los fenómenos”. Según este profesor, los fósiles eran en realidad piedras talladas por el mismo Dios en sus experimentos sobre los tipos de vida que pensaba crear. Su teoría la confirmaban los numerosos descubrimientos de sus jóvenes ayudantes, que continuamente encontraban piedras con signos extraños: un ave con cabeza de pez, estrellas y cometas.

Beringer escribió y editó un grueso libro donde exponía todos sus descubrimientos, libro muy criticado por sus colegas. Críticas que el profesor atribuía al rencor y la envidia. Al parecer, un día encontró una piedra en la que estaba grabado su nombre. Esto le sorprendió, y lo que acabó con él fue que uno de sus ayudantes le confesó que todas aquellas piedras habían sido talladas por dos miembros de su universidad.

El profesor pasó el resto de su vida tratando de comprar y recuperar los ejemplares de su libro. Su carrera terminó de este modo.

Pasó a la historia por haber sido engañado despiadadamente y por su credulidad.

Todos estos relatos han sido sacados del libro “Clones, moscas y sabios” escrito por Antonio López Campillo, licenciado en ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, doctor en Ciencias Físicas por la Sorbona de París e investigador en el Centre National de la Recherche Scientifique de Francia. Ha trabajado también en centros de investigación en las universidades de la Sorbona y de Orsay. Además, ha trabajado en varios medios de comunicación colaborando con la difusión de la cultura científica en nuestro país.

Qualitas Europa, por el fomento y el interés de la lectura científica