Cuenta Richard Feynman en el primer capítulo de su libro “La naturaleza de las leyes físicas”, que siempre le pareció curioso que cada vez que le pedían tocar el bongo en público no se hiciera mención de que también hacía física teórica, sin embargo, siempre que daba una conferencia de física se indicaba que el profesor tocaba el bongo.

Según Feynman, esto se debe a que se respetan más las artes que las ciencias.

En Brasil, recibió un premio de bongo.

En 1965 recibió el premio Nobel de física por sus aportaciones a la QED, es decir, la electrodinámica cuántica (Quantum Electrodynamics)

Además, empezó a pintar a los 44 años y continuó hasta su muerte.

Hacer física al más alto nivel, tocar el bongo con alegría y dibujar con emoción no son, en este caso, acciones contradictorias.

Todos estos relatos han sido sacados del libro “Clones, moscas y sabios” escrito por Antonio López Campillo, licenciado en ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid, doctor en Ciencias Físicas por la Sorbona de París e investigador en el Centre National de la Recherche Scientifique de Francia. Ha trabajado también en centros de investigación en las universidades de la Sorbona y de Orsay. Además, ha trabajado en varios medios de comunicación colaborando con la difusión de la cultura científica en nuestro país.

Qualitas Europa, por el fomento y el interés de la lectura científica.