El Covid nos ha enseñado muchas cosas, entre otras: que nos hemos alejado muchísimo de lo que nos es natural como la especie animal que somos.

En el transcurso de unas pocas decenas de años hemos cambiado entornos naturales y frescos por entornos de cemento y plástico, cargados de contaminación y de aglomeraciones. Espacios azules y verdes, por espacios grises.

Cada día somos más conscientes de lo necesario que resulta retornar a un estilo de vida más apropiado para nosotros, una dieta basada en alimentos reales preparados en cocinas, y no ultraprocesados elaborados en una fábrica, actividad física adecuada (cardiovascular y de fuerza), retornar a unos ritmos de sueño-descanso o, como suelen llamarse, ritmos circadianos más ajustados...y sí, eso supone trabajar la higiene del sueño y, por lo tanto, poner en su lugar a los recursos tecnológicos como móviles, ordenadores, tabletas, etc., y a sus terribles distractores y ladrones del tiempo y del descanso (como las redes sociales), más salidas por el campo o por la montaña y menos por los centros comerciales, etc.

Y en esa incursión en el estilo de vida natural me hallo desde hace años, para terminar dándome cuenta de que hay una parte importante que no había valorado: los productos que usamos en nuestra higiene y autocuidado y los productos que usamos en la higiene de nuestros hogares.

La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano, es una barrera que permite el paso de determinadas sustancias y pone límite a otras…el problema es cuando sustancias poco saludables o, directamente, tóxicas, encuentran el medio vehicular para atravesar nuestra piel…¿os podéis creer que la mayoría de la cosmética de los supermercados contiene, entre sus ingredientes principales, derivados del petróleo y otras sustancias sospechosas de poder ocasionar graves problemas de salud?

Eso por no hablar de la mayoría de los productos comerciales de limpieza del hogar, malos para nosotros y malos para el medioambiente.

Actualmente se está viendo un resurgir de la cosmética natural y de los remedios de la “abuela” para el autocuidado y la limpieza de las casas, muchos perfiles de Instagram y canales de YouTube que abogan por el uso de aceites vegetales, mantecas, aceites esenciales (con sus maravillosas propiedades para la salud física y psicológica), hidrolatos, oleatos, y sinfín de activos de origen vegetal. Elementos que se pueden encontrar en cualquier despensa o, por ejemplo, durante un paseo por el campo.

Para la limpieza del hogar se recuperan productos como: el jabón de Castilla o de la abuela, vinagre, bicarbonato, carbonato de sodio, alcohol…se trata de productos de limpieza y desinfectantes, con sobrado poder para mantener e condiciones higiénicas una casa.

Es un mundo apasionante y muy gratificante, y os lo recomiendo mucho muchísimo.

¡Salud para tod@s!