Durante los últimos años en nuestra sociedad, ha habido un aumento de menores maltratadores de clase media ocasionado por las circunstancias socioeconómicas de nuestro país. Estos adolescentes tratan mal a sus progenitores cuando estos no pueden darles todo lo que piden debido a la reducción de los ingresos familiares.
A día de hoy, se pueden clasificar cuatro tipos de menores maltratadores:
• Maltrato por padecer algún tipo de adicción.
• Maltrato por tener trastornos de conducta.
• Maltrato y agresividad debido a una educación permisiva y carente de normas y límites.
• Maltrato como consecuencia de la no aceptación de las limitaciones económicas impuestas por los padres.

Estos menores poseen las siguientes características:
• Falta de empatía.
• Baja tolerancia a la frustración.
• Ausencia de sentimientos de arrepentimiento o culpa.
• Agresividad dirigida a la consecución de un fin.
• Impulsividad.
• Depresión y ansiedad.
• Irritabilidad.
• Baja autoestima.

ORIENTACIONES PARA LA PREVENCIÓN Y EL TRATAMIENTO
El tratamiento consiste en la intervención con el menor, con sus padres y con el resto de la familia y puede desarrollarse de forma grupal o individual, dependiendo de las circunstancias de cada caso.
Respecto al menor, se llevarán a cabo las siguientes actuaciones:
• Intentar que comprenda qué es la violencia y que tiene un comportamiento agresivo.
• Motivarle para favorecer el cambio.
• Educar el reconocimiento emocional y su gestión.
• Promover la modificación de las creencias y pensamientos que utiliza para justificar sus conductas agresivas a través de técnicas de restructuración cognitiva.
• Realizar “juegos de roles” para fomentar la empatía hacia la familia.
• Enseñar técnicas y habilidades de resolución de conflictos.
• Trabajar y mejorar las habilidades sociales.
• Fortalecer y favorecer el afianzamiento de la nueva identidad no violenta adquirida.

Esta actuación se hace con el fin de crear en el adolescente una identidad nueva y pacífica buscando sustituir los pensamientos y las creencias que justifican el comportamiento agresivo por otras más asertivas.
Por último, la intervención empleada con los padres consiste en el desarrollo de las mismas habilidades que el menor para así poder exigirle a este su cumplimiento. Además, deberán ser un ejemplo de comportamiento adaptativo a seguir para el adolescente. La gran diferencia con el tratamiento enfocado al menor es la inclusión del manejo de contingencias para poder tratar las conductas agresivas que puedan presentar los hijos