A finales de 1905, Planck empezó a disertar sobre la Teoría de la Relatividad, estimulando la imaginación de su asistente, Max von Laue, que se convirtió en uno de los primeros defensores de la relatividad. El número de conversos crecía a medida que la gente se iba enterando. El futuro ganador del premio Nobel, Max Born, consideró el razonamiento de Einstein como “una revelación”

 

Fue en ese mismo año cuando Einstein tuvo lo que él mismo denominó “el pensamiento más feliz de mi vida”. Con sus propias palabras:

 

“Estaba sentado en la Oficina de Patentes de Berna cuando de pronto se me ocurrió una idea: si una persona cae libremente no sentirá su propio peso. Quedé asombrado. Este sencillo pensamiento me impresionó mucho. Me llevaba hacia una teoría de  la gravitación”.

 

Este feliz pensamiento le mostraba que la gravedad y la aceleración son directamente equivalentes. Otros ocho años de agotador esfuerzo se necesitaron para desarrollar su repentina inspiración en una teoría acabada; sin ella la relatividad hubiera quedado incompleta.

 

En la primavera de 1909 la Universidad de Zurich ocupó un puesto como profesor asociado de física teórica y le fue concedido un doctorado Honoris Causa por la Universidad de Ginebra.

 

En otoño de 1911 fue a Bruselas a una reunión donde se encontraban Marie Curie, Max Planck, Ernest Rutherford (que desentrañó los secretos del átomo) Hendrik Lorentz (cuyo trabajo preparó el campo para la relatividad) y Henri Poincaré, una leyenda entre los matemáticos.

 

En enero de 1912 firmó un contrato de diez años como profesor de física teórica en la Escuela Politécnica Federal suiza, que debía empezar en octubre.

 

Durante los meses de invierno de 1912 y 1913 trabajó más que en cualquier otro momento de su vida. Su tema era la continuidad de la Teoría de la Relatividad junto a la Teoría de la Gravitación. En 1908, el antiguo profesor de Einstein, Hermann Minkowski, había encasillado la relatividad en una fórmula matemática más clara que trataba el espacio y el tiempo como un todo inseparable llamado “espacio-tiempo”. El paso siguiente fue encontrar un nuevo lenguaje para describir ese panorama de cuatro dimensiones. Este era un territorio inhóspito donde el espacio es curvo, de manera que las líneas paralelas no existen, y la suma de los tres ángulos de un triángulo no es de ciento ochenta grados.

 

En julio de 1913 se convirtió en miembro de la gran Academia Prusiana de Ciencias, se le daría una cátedra en la Universidad de Berlín y sería director del aún no inaugurado Instituto de Física Kaiser Wihelm. Tenía buenas razones para aceptar. Berlín era una potencia física y sobre todo, deseaba librarse de la docencia. No podía resistir la tentación de aceptar la oportunidad de dedicarse libremente a pensar. Sin embargo, también había razones en contra; detestaba profundamente lo que Alemania significaba para él: el autoritarismo, el conformismo y la rigidez espiritual e intelectual.

 

¡¡¡Guerra!!!

 

En agosto de 1914 empezó la primera Guerra Mundial, una auténtica carnicería que duró más de cuatro años. Estos fueron los años en que Einstein se reveló como un destacado pacifista. Se mantuvo al margen cuando noventa y tres importantes intelectuales firmaron un manifiesto defendiendo la causa bélica de los alemanes. Por contra, él y algunos otros firmaron el “Manifiesto por los Europeos” defendiendo la cooperación internacional. Se afilió al partido político pacifista, la Liga de la Nueva Patria y apoyó en secreto las campañas antibelicistas de Suiza y Holanda.

 

El año clave: 1915

 

Este fue el año en que su trabajo alcanzó la mayor intensidad. Mientras luchaba por completar su Teoría de la Relatividad, se fue aislando del mundo que le rodeaba. No contestaba a las cartas.

 

Llegó a una resolución en sus investigaciones. Reveló al mundo que ya podía explicar una variación en la órbita de Mercurio alrededor del Sol que tenía perplejos a los científicos desde que fue descubierta en 1859. El efecto no explicado, que Einstein conocía desde 1907, fue la prueba decisiva para sus ideas. Había descubierto los nuevos principios fundamentales que describían el Universo mejor que cualquiera. En cada órbita que realiza Mercurio hay un pequeño cambio en el perihelio en el punto que pasa más cerca del Sol antes de desviarse de nuevo en su imponente circuito elíptico. Las leyes de Newton no predecían la total extensión de esta desviación. Algunos astrónomos lo achacaban a la gravedad de un planeta no descubierto, al que provisionalmente llamaron Vulcano.

 

La belleza de la nueva Teoría de la Gravedad de Einstein era que sus ecuaciones daban el resultado correcto sin adornos ni farsas. También demostraban cómo y porqué habían subestimado anteriormente la curvatura de la luz por el Sol.

 

Tras unos días de trabajo frenético, la estructura entera de la Teoría General de la Relatividad estaba en pie. Einstein demostró que la gravedad no era la fuerza de un cuerpo que actuaba sobre otro, sino una propiedad del espacio-tiempo. Los objetos mismos crean distorsiones en el espacio-tiempo que hay a su alrededor, y esas curvas cuatridimensionales actúan como caminos para que los sigan objetos más pequeños.

 

Einstein había elaborado una teoría que desentrañaba la fábrica del Universo, pero que no acababan de entender cerebros menos privilegiados que el suyo.

 

En lugar de descansar después de sus éxitos, escribió diez trabajos científicos en 1916, más un libro explicando la relatividad para un público más amplio. A esto se pueden añadir las dificultades de la vida en Berlín durante la guerra y los viejos problemas de estómago que él achacaba a los días de estudiante en Zúrich. Una carga demasiado pesada. Terribles dolores se apoderaron de su cuerpo. perdiendo unos 30 kilos en dos meses. Con el tiempo, le diagnosticaron una úlcera de estómago, y pasaron varios años antes de que su recuperación fuese total.

 

 

Toda la información de este documento ha sido elaborada a partir de biografías publicadas de Albert Einstein. Los textos más importantes han sido sacados de la biografía de Einstein elaborada por  los periodistas Roger Highfield y Paul Carter.

 

 

 

JUAN ANTONIO DE BLAS.

Profesor y especialista del área sanitaria.

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