Cuando en 1932 el partido nazi se convirtió en el más votado, Einstein sabía que sus días en Alemania estaba contados. Empezó a pensar en maneras de escaparse.

 

América le llamaba. Einstein y Elsa (su segunda esposa) pasaron los veranos del 1930 al 1932 yendo y viniendo a su base en el Instituto de Tecnología de California, en Pasadena. En diciembre de 1932 se fueron a EEUU una vez más. Se suponía que era otra visita temporal, pero nunca más volvieron a Alemania. Se decía que los nazis habían puesto precio a su cabeza y le pusieron una escolta armada. Tomó la nacionalidad americana en octubre de 1940, poco más de una año después de la declaración de guerra de Inglaterra y Francia.

 

Durante las últimas etapas de la guerra, ayudó a la Marina de los EEUU realizando un trabajo teórico sobre explosiones. Más tarde, Einstein negó haber trabajado para los militares. Estas reticencias están relacionadas con la responsabilidad que Einstein sentía por haber estimulado el desarrollo de armas atómicas cuando envió una carta al presidente Roosevelt, en 1939 en la que exponía las implicaciones militares de la fisión nuclear.

 

Más tarde, expresó su arrepentimiento por haber desempeñado cierto papel en la destrucción de Hiroshima y Nagasaki.

 

Últimos días

 

El final de sus días los pasó en EEUU. Convivió con un triunvirato de mujeres: Su enfermera y “algo más” Dukas, su hijastra Margot y su hermana Maja.

 

El viejo Einstein se convirtió en una sustanciosa fuente de anécdotas para sus anfitriones americanos. Se llevaba especialmente bien con los niños y los animales. Una niña de ocho años intentó sobornar a Eistein con dulce de chocolate para que le hiciera los deberes. Él educadamente se negó a ayudarla, pero la recompensó con unas pastas.

 

El mismo año de la muerte de Mileva (su primera mujer) descubrió su propia enfermedad mortal. En el otoño de 1948 le diagnosticaron un bulto en el abdomen. Una operación llevada a cabo en diciembre reveló un aneurisma en la aorta abdominal, un hinchamiento de la arteria principal del corazón.

 

El 12 de abril de 1955, Einstein hizo su última visita al Instituto de Estudios Avanzados. Sufría un dolor agudo en la ingle que no había tenido antes, y al día siguiente se quejó de cansancio y de pérdida de apetito. Se acostó aunque a las 3:30 tuvo que ir corriendo al cuarto de baño, donde se desplomó. Aquella noche la pasó con la ayuda de morfina y su cuerpo estaba seriamente deshidratado.

 

Durante su agonía rechazó son frecuencia inyecciones analgésicas y consiguió por fin que le hospitalizaran.

 

Cuando se acercó su muerte, señaló su corazón y le dijo a Nathan que sentía cercano el éxito de sus ideas. Poco después murió; era el 18 de abril de 1955.

 

Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas fueron esparcidas en un lugar que todavía hoy sigue sin revelarse para disuadir a los peregrinos. Aquella misma mañana, el doctor Thomas Harvey hizo una autopsia y extrajo el cerebro de Einstein para su análisis. Partes del órgano todavía se conservan hoy.

 

Con el paso de los años, se han ido descubriendo y desclasificando documentos referentes a este gran genio hasta poder configurar más o menos fielmente su vida y obra. No fue hasta 1992 cuando la Universidad Hebrea dio permiso para que su contenido fuera publicado por la Princeron University Press. Esta decisión significó la ruptura total con la censura establecida por  Dukan y Nathan durante tantos años.

 

Hoy, la figura privada de Einstein se puede ver con más claridad.

 

Toda la información de este documento ha sido elaborada a partir de biografías publicadas de Albert Einstein. Los textos más importantes han sido sacados de la biografía de Einstein elaborada por  los periodistas Roger Highfield y Paul Carter.

 

 

JUAN ANTONIO DE BLAS.

Profesor y especialista del área sanitaria.

QUALITAS EUROPA