Así lo han confirmado los investigadores de LIGO (Laser Interferometer Gravitational Wave Observatorydespués de que el 11 de enero, un mes atrás, saltasen los primeros rumores. Las ondas gravitacionales se observaron por primera vez el 14 de septiembre de 2015, a las 5:51 am ET por ambos detectores LIGO. La fuente: una colisión masiva de dos agujeros negros que tuvo lugar hace 1.300 millones de años. Cuando ocurrió, una masa tres veces más grande que la del Sol se convirtió en energía en una fracción de segundo.

 

Durante todo este tiempo, tanto ellos como otros científicos del planeta han estado trabajando para confirmar que, esta vez sí, hemos conseguido probar la existencia de las ondas gravitacionales.

 

Y ahora qué. Por qué es tan importante.

Porque contienen un elemento valiosísimo para la ciencia: información a raudales.

 

Las ondas gravitacionales contienen información preciosa de eventos (una colisión de agujeros negros, sin ir más lejos) sobre los que hasta ahora los científicos solo teorizaban y especulaban. Una vez nuestros sensores sean lo suficientemente precisos como para medir ondas gravitacionales de manera habitual, comenzaremos a construir un “censo” de grandes eventos energéticos en el Universo.

 

Han terminado 100 años de búsqueda, el fin de una era. Por suerte comienza otra, todavía más fascinante, donde la exploración cósmica vendrá dictada por lo que encontremos en las ondas gravitacionales. A partir de este momento, no solo estudiamos al universo a través de la vista sino a través del oído: Vemos al universo y escuchamos al universo.

 

 

Pero… ¿Qué son las ondas gravitacionales?

La teoría de la Relatividad General de Einstein, explicó la gravedad como una alteración del espacio-tiempo debido a la presencia de una masa presente en ella. En teoría, todos los cuerpos modifican el espacio-tiempo en el que se encuentran, sin embargo esta alteración es imperceptible (es imposible percibir la atracción gravitatoria que ejerce un cuerpo humano, un árbol o una hormiga).

 

Las ondas gravitacionales, se forman cuando los objetos masivos se mueven a gran velocidad, alterando el espacio-tiempo con tal magnitud que generan esas perturbaciones hasta ahora imperceptibles (sobre todo debido a la distancia que existe entre el suceso y la Tierra). Estas ondas se van propagando por el espacio-tiempo y se van disipando al igual que las ondas producidas en un estanque de agua al tirar una piedra y cuando llegan a la Tierra lo hacen sin fuerza ninguna.

 

Una vez más, Einstein tenía razón. Es realmente asombroso que una teoría que lleva más de 100 años vigente, siga sorprendiéndonos y confirmándose día a día.

 

JUAN ANTONIO DE BLAS.

Profesor y especialista del área sanitaria.

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